MicroEconomiaPara un estudiante de microeconomía, ¿cuál es el valor de un libro que finaliza con un inquietante “Entonces, ¿puede la microeconomía servir para algo?. Hemos mostrado que no.”? La honestidad de su planteamiento. Porque independientemente de que uno se encuentre capacitado para juzgar la validez de sus críticas, Guerrien y Jallais hacen un esfuerzo muy logrado para mostrar en 180 páginas de forma muy clara las cuestiones principales de la microeconomía. Punto y aparte; plantean sus interrogantes y sus críticas. Y aunque la crítica es demoledora -y aún amarga, porque uno no puede dejar de cuestionarse si las largas horas de sufrimiento preparando los exámenes de microeconomía, han sido sólo eso, sufrimiento- la exposición tiene un trasfondo de honestidad, que una vez asumida te enriquece como lo hace toda reflexión.  Una joya añadida han sido sus links a la página personal de Ariel Rubinstein, donde uno puede descargarse el texto integro de sus magníficos manuales de teoría de los juegos y microeconomía.

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llibre.jpegPaseaba por la FNAC y el apellido, Mochón, mocho grande, me sonó familiar. Recordé los libros de Introducción a la Macroeconomía de primero de la UNED. Y sí, era él. Lo que no sabía, por la reseña de la contraportada, era que además había sido Chieff Financial Officer de Telefónica, toda una tarjeta de presentación. No ocultaré que me sorprendió que un buen profesor fuera al mismo tiempo todo un alto ejecutivo. Un rayo de esperanza.
El arte de dirigir una empresa alivia por su brevedad (apenas 200 páginas), su esquematismo erudito y la sinceridad y vivencia real que transmite. No es un compendio de recetas mágicas -no lo pretende. Simplemente recoge la experiencia sistematizada de otros, que por ser sistematizada, se distingue radicalmente de “consejos a toro pasado”. Y como promesa de que lo mejor está por venir, su descripción en las primeras páginas de lo que es ser un directivo: planificar, organizar, liderar y controlar. Planificar, especificar los objetivos a alcanzar y decidir con anticipación las acciones. Organizar, ordenar y coordinar los recursos necesarios para el plan. Liderar, estimular, inspirar a los miembros para que crezcan, para que se inventen a sí mismos en las tareas que deben llevar a cabo. Controlar, porque los planes sólo son aproximaciones.

Y los demás capítulos, el mismo deleite con ese trasfondo de cosa de verdad, que te la cuenta alguien que lo ha vivido, que te cuenta su experiencia, que puede que te sea útil, o no: teoría de gestión, planificación de estrategias, estructura organizativa, toma de decisiones, recursos humanos, control de gestión…

Bertrand RussellLa lógica llevada hasta sus últimas consecuencias. Siempre he tenido la misma sensación después de leer a Bertrand Russell. La lógica llevada hasta sus últimas consecuencias con la ligereza y facilidad de un superman levantando un camión con una sola mano. Uno se puede perder en sus razonamientos logicistas de fundamentación de las matemáticas o sorprenderse del desparpajo con que se despacha con los presocráticos, pero cuando realmente crees entenderlo no puedes dejar de maravillarte de la valentía y fuerza de un espíritu libre que se abre camino con machete de lucidez, cordura y sentido común (y un aguijón de sorna inglesa que le hace a veces un pelín repelente, todo sea dicho). Le robé a Pilar de su mesilla de noche La conquista de la Felicidad, doscientas y poco páginas de edición de bolsillo. Un desmenuze de la tensión entre el ser y el querer ser, entre el ser y lo que quieren que seamos, revisando cada una de las facetas más importantes de la vida de una persona común: el regodeo en la infelicidad como estado del alma superior, la competencia, el aburrimiento, la fatiga (tan actual), la envidia, el sentimiento de pecado, la manía persecutoria (tan común) y el miedo al qué dirán (con internet, tal vez un poco menos?). Y tras ello, con un transfondo en el que creo percibir un eco de Fromm: the grounding, el esfuerzo, la resignación, el cariño, la familia, el trabajo. En suma, la entrega a lo externo de nosotros mismos, a la empresa en si misma que es la vida.. y en los momentos de pausa, una respiración profunda que te hace sentir desde los alvéolos hasta la tierra húmeda que sostiene nuestros pies.

siena_buen_gobierno1.jpgTengo que reconocer que era bastante escéptico ante la idea de leer los libros de la serie A very short introduction de Oxford University Press. Ero algo así como comer sopa de lata. Admitir que el afán de cada día castraba mis ansias –evidentemente no logradas- de ser algún día un hombre culto a la manera clásica, y que a la postre me veía reducido como cualquier quinqui hijo de vecina a leer este guía precocinada de cultura enlatada. Pero no ha sido así, y la Political Philosophy de David Miller ha sido un baño para el alma que a golpe de palabras abre horizontes. A partir de una breve disquisición sobre el fresco Del buen gobierno del Palazzo Pubblico de Siena, Miller te lleva en sólo 110 páginas desde la necesidad de preguntarse e investigar sobre los orígenes y efectos del buen y mal gobierno, a cuestiones sobre si es cierto que el gobierno como tal tiene efectos sobre nuestras vidas, y con artimaña de filósofo, al contestar a esa pregunta en principio trivial va desenmascarado todos los artilugios del gobierno: su legitimidad, el anarquismo, la democracia representativa y sus contradicciones, la injerencia de la autoridad en lo privado (podemos fumar?, no podemos? Debemos cobrar al fumador sus gastos sanitarios de cáncer de pulmón? o tal vez sea una sociedad mejor que tolere y sufrague esos deslices…) Y en ese viaje desgrana y analiza la idea de justicia a partir de una cita de Justiniano: consistencia, relevancia y proporcionalidad… Finaliza con un breve análisis sobre la justicia respecto a los grupos sociales, el feminismo, las minorías culturales y de ahí el salto a las naciones (permanecerán los estados? o son los estados necesarios para la justicia social..?) Cómo el mismo dice en una de sus páginas, una fascinante reflexión sobre las human interactions…

Rubens en Londres

noviembre 9, 2006

 

Rubens in the National GalleryEstuvimos el fin de semana pasado Pilar y yo en Londres. Nos alojamos en el Westminster Citty Inn, con una oferta de fin de semana, cerca de la estación de metro Plimico. Un barrio idílico en el centro de Londres, con edificios de ladrillos modernos que, con forma de pseudo-aldeas excesivamente altas, imitan las casas tradicionales: parques privados y calles inmaculadas, a un tiro de piedra del Thames y la Tate. El hotel un rascacielos. Moderno, con habitaciones de diseño añorantes de hombres de negocios en días de diario y luces calabaza y camas japonesas en la recepción que parecía un restaurante moderno de sushi, pero en las que no vi, sin embargo, a ninguna rubia despampanante tumbada en vaqueros y sujetador. Pilar no las echaba de menos, creo.

Paseamos por Trafalgar Square, rendimos honores a Nelson, desayunamos deliciosamente en un bar frecuentado por, creo, Gywenth Paltrow cuando visita Londres –no la vimos tampoco- y después, alimentado el cuerpo, descubrimos la National Gallery. Edificio sobrio, deambulamos a la búsqueda de los highlights: el oscuro enigmático de Da Vinci con su Virgen de las Rocas, la imperturbable serenidad geométrica de Piero de la Francesca (creo que la mejor colección fuera de Italia), el extrañamente moderno Paolo Ucello, unos sorprendentes Matisse y Monet, los girasoles oníricos de Van Gogh, y en un rincón, ya cansados, recostados en un excelente, mullido y entrañable sofá windsor, iluminados por la luz misma que salía de los cuadros de Rubens, pudimos contemplar la masa inmensa en su reposo de Sansom, dormido bajo la mirada triunfante con un resquicio de arrepentimiento de Dalila, y compartir el atisbo furtivo de los soldados en la puerta, que como nosotros, contemplábamos la escena como si estuviera ocurriendo en ese preciso momento….

La naturaleza y los griegos

noviembre 2, 2006

sch_playa.jpgEstoy en Cambridge (el porque es algo que dejo para otro post). Justo enfrente del King’s College, con su gótico de belleza serena que se alza al cielo sin excesos, como si quisiera decir que aun siendo terriblemente bello es de este mundo, a un paso de la oficina, tengo la tentación hecha papel: Cambridge University Press, terriblemente cara aun a pesar del descuento del 20% que yo no tengo por no tener carné de la Universidad. Allí sacrifiqué un almuerzo por comprar una impecable edición económica de Nature and The Greeks, de Schrodinger. No recuerdo donde leí el dilema que tuvo de joven Schrodinger: ser filósofo o dedicarse a la física. Comentaban en el libro de olvidado autor que fue una circunstancia afortunada que Schrodinger se dedicara a la física, pues si bien es incierto si hubiera sido un buen filosofo, no queda duda que ha sido un gran físico. Su famosa ecuación que figura en su lápida como si fuese la causa de su muerte -a mi siempre me ha parecido de un mal gusto macabro-, sigue siendo la forma mas comprensible de introducirse a la mecánica cuántica. Tiene Schrodinger libros y ensayos que sorprenden por su profundidad sin complicaciones en temas que aparentemente van mas allá de la física, tal vez por que para él, el conocimiento era todo uno: actividad intelectual. El esfuerzo argumento a argumento para tender puentes que nos lleven más allá de nosotros mismos. La tesis fundamental del libro Nature and The Greeks es que los griegos siempre consideraron este mundo como algo susceptible de ser comprendido racionalmente, y se lanzaron a ello escuela tras escuela: la razón contra los sentidos, la realidad material de los números pitagóricos, la concepción del atomismo -mucho mas que un sonó la flauta o idea feliz- la unicidad del ser y el problema del cambio y la paradoja de Zenón.. y todo ello Schrodinger lo cuenta con la prosa fácil, elegante, de alguien para quien los griegos eran inspiración directa con la que enfrentarse al shock que en la física produjo la mecánica cuántica: la perdida del determinismo, el problema del vacío cuántico o la relatividad del tiempo. Sorprende -y alivia- Schrodinger con su sutileza: para hacer física y para ir más allá de la física… hacia al conocimiento y la conciencia.

kaufmann.jpgCualquier organización humana es un conjunto de voluntades autónomas, encorsetadas en mayor o menor medida por una jerarquía de mando, redes de información y comunión de intereses. Y es la palabra autónoma lo que diferencia estas organizaciones de los mecanismos a los que la técnica doméstica nos tiene tan acostumbrados. Pulsas un botón y sin embargo la lavadora no tiene por que ponerse en marcha necesariamente. Gerald Kaufman fué ministro con el gobierno laborista desde 1974 hasta 1979. En la wikipedia dicen de él que fue este libro el que inspiró la serie “Yes, Minister” –yo la ví en la TV3 como “Sí, Primer Ministre”. Dicen que como El Principe de Maquiavelo se recomendaba a los reyes, How to be a Minister se recomienda a todos los miembros de un nuevo gabinete británico. Los escarceos inter pares que toda la lucha por el poder conlleva los deja el autor para la introducción. Los capítulos van desgranando la maquinaria de la administración civil británica y sus funcionarios (los ministros van y vienen, los secretarios permanecen). Esa masa informe de voluntades, inercias y reglas no escritas que en teoría está dispuesta a ejecutar las órdenes al instante y como un solo hombre, pero que en la practica es como un barco de vela, donde permanentemente hay que estar atento a donde sopla el viento, y donde un golpe de timón es siempre incierto. Capítulo a capítulo (una lista de comos: como hacer una ley, como operar en el parlamento, como recibir a una delegación, como operar el sistema, como estar en contacto con tu partido…) uno cree ir haciéndose la idea, casi por osmosis, de que es hacer política (policy and politics) . Me lo recomendó Bill Nuttall en su curso Introduction to Technology Policy, en la Judge Management School, y fue una delicia (el curso, sus clases y el libro).